Recién en la década del 90 comenzó el auge de estas pick ups medianas y con motores turbodiésel. Antes eran nafteras. La histórica Ford F-100 o la Chevrolet Silverado, grandes rivales de los 70 y 80, siempre fueron nafteras. Sin embargo hoy nos parece raro que haya una pick up con motor a nafta. Y claro, casi no hay; esta Ranger 2.5 es la única.


Recordemos que la Ranger se ofrece en nuestro mercado también en dos variantes turbodiésel, una con un motor 2.2 de 125 CV y otra con un motor 3.2 de 200 CV. Respecto de esas motorizaciones, esta variante naftera 2.5 de 166 CV tiene una desventaja: su torque o fuerza de empuje. Vamos a compararla solamente con la versión turbodiésel 2.2, porque la 3.2 saca muchas ventajas de potencia y torque. Además, la 2.2 y esta naftera vienen con el mismo nivel de equipamiento, sólo se ofrecen en la versión XL, la más base. La 2.2, entonces, tiene un torque de 320 Nm, entre las 1.750 y las 2.300 revoluciones por minuto. Mientras que en esta naftera 2.5, el torque es de 225 Nm a las 4.500 rpm. Esto quiere decir que el motor turbodiésel tiene una mayor fuerza de empuje y a menos revoluciones. Por lo tanto, en teoría, debería tener una mayor capacidad de remolque, por ejemplo, y ser más ágil para recuperar velocidad en ruta. Pero esta desventaja del motor, la versión naftera la compensa con las relaciones de caja, con un diferencial más corto, y realmente no hay diferencias en ninguno de los dos ítems. Eso sí, como al motor naftero hay que llevarlo a un régimen de rpm mayor, las diferencias aparecen en el consumo de combustible. En ciudad, 14 litros cada 100 kilómetros del naftero, contra 8,7 lts/100 del diésel; en ruta, 8,9 lts/100 contra 6,8 lts/100 y en un uso combinado, 10,7 lts/100 versus 7,4 lts/100.

 
La ventaja del motor naftero pasa por la serenidad de funcionamiento, lo que contribuye al confort acústico del interior.


Respecto del precio, la diésel con el mismo equipamiento cuesta 31.300 pesos más cara: 463.700 contra 432.400. Y la comparación puede definirse en favor de la naftera si tenemos en cuenta que existe la posibilidad de colocarle un equipo de gas o GNC sin que el vehículo pierda la garantía. Por supuesto, siempre que se haga en un concesionario oficial de la marca. Por otro lado, es muy destacable la garantía que ofrece Ford Argentina para todas sus Ranger: 5 años o 150 mil kilómetros.


Si la comparamos con la versión 4×4 turbodiésel full, la Limited automática, sin dudas que no tiene ese “glamour”. Ni los detalles de estilo del exterior ni la calidad y nivel de equipamiento del interior. Claro, esa Limited cuesta casi el doble: 792.200 pesos. Pero en el confort de marcha, la naftera 4×2 es mejor. Porque no tiene tantos componentes mecánicos como la 4×4 (es casi 200 kilos más liviana) y viene con neumáticos de un perfil más alto y menor rodado. El comportamiento dinámico de esta naftera es más parecido al de un auto.

Es muy importante resaltar que toda la gama Ranger, desde estas versiones XL básicas, viene de serie con un muy completo equipamiento de seguridad. Nos alegra mucho que una versión como ésta, sin levantavidrios ni espejos eléctricos y sin esas pantallas color en el panel frontal que tanto deslumbran, sí equipe elementos importantes, los de seguridad. Controles electrónicos de tracción y estabilidad (que además se adaptan a la cantidad de carga en cada eje), control de balanceo de trailer, ayuda al arranque en pendiente, frenos ABS con distribuidor electrónico de frenada y asistencia al frenado de urgencia, airbag para las rodillas del conductor además de los dos frontales, anclajes ISOFIX para las sillas infantiles y tres cinturones de tres puntos inerciales con apoyacabeza en las tres plazas traseras. Todo un acierto de la marca.

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