El seguro como institución existe porque todo ser humano tiende a preservar su vida y su patrimonio. Sin embargo, ese patrimonio, en algún momento, puede ser pasible de un riesgo o peligro. El riesgo es la posibilidad de que algo dañoso le suceda. Se trata de un hecho futuro e incierto que, de producirse, ocasiona un perjuicio susceptible de valor económico.

El peligro, a diferencia del riesgo, es una situación que en de terminadas circunstancias tiene la inminencia de que algo dañoso ocurra. Es una diferencia como de género (riesgo) a especie (peligro).   

Todos estamos expuestos a riesgos en sus distintas modalidades. A veces peligrosos, como los de la naturaleza que derivan en terremotos, inundaciones, lluvia, granizo y otros. En otro orden, existen los riesgos financieros como la falta de liquidez o de crédito, los riesgos humanos (como los que afectan la salud o la vida), los políticos, como los llamados “Hechos del Príncipe”, es decir, decisiones de las autoridades públicas que modifican nuestra situación patrimonial.

El riesgo, como el peligro, es una probabilidad de que un hecho ocurra produciendo un daño en nuestra persona o bienes. Y que en principio, muestra nuestra vulnerabilidad a situaciones normales o extraordinarias. La transferencia de nuestros riesgos  para evitar afrontarlos nosotros mismos es la razón de ser del SEGURO como institución.

Los riesgos no son todos iguales. Algunos tienen una frecuencia mayor, es decir, suceden muchas veces en determinado lapso. Otros tienen distinta intensidad o severidad, en tanto que un tercer grupo pueden ser prevenidos, por ejemplo, utilizando distintas medidas de seguridad.

No obstante, sabemos que los riesgos no pueden ser eliminados porque su existencia es natural y forman parte de la vida misma. Algunos se pueden afrontar con nuestro propio peculio, pero para otros tomamos medidas de previsión económicas adecuadas como el ahorro que funciona solo en siniestros  dependiendo de nuestra propia capacidad económica.   

Los automóviles son seguros, pero la gran mayoría de riesgos debemos transferirlos si no queremos padecer un quebranto. Entonces, son otros quienes lo asumen. Esos otros son las compañías  aseguradoras. Estas firmas cuentan con variados elementos técnicos-económicos-actuariales-financieros, para poder afrontar los riesgos de la masa de asegurados.

Las medidas de prevención que a veces toman los particulares, por lo general, tratan de evitar el siniestro. Pero cuando éste sucede, solo logran disminuir la magnitud del daño. Si bien en el origen  del seguro estuvo para cubrir riesgos marítimos y de incendio, en la actualidad existe una diversidad de riesgos con gran potencialidad de siniestro. El seguro no solo permite restaurar esos activos como en los seguros de inmuebles, mercaderías, maquinarias, cosechas o vehículos, sino también suprimir pasivos accidentales como la responsabilidad civil hacia terceros.

Cuando tomamos un seguro para transferir a la aseguradora nuestros riesgos debemos pensar que por el pago de un premio como es el valor del seguro, tenemos la contrapartida de protección, seguridad, tranquilidad y preservación de nuestro patrimonio. Caso contrario, el seguro no tendría sentido. De esa elección, depende nuestro futuro.


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