Descuidos en el hogar, falta de mantenimiento de equipamientos eléctricos o a gas, manejo imprudente de pirotecnia o del fuego son algunas de las causas más habituales de quemaduras, que pueden marcar para siempre la piel y la vida de un ser humano.

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A nivel mundial, “las quemaduras continúan representando el modelo más severo de lesión traumática, siendo un desafío considerable ofrecer el tratamiento adecuado para mantener la vida, la función y la recuperación psicofísica”, reconoció la doctora Anahí Crocenzi, cirujana plástica.

La evolución en el tratamiento de las quemaduras en los últimos años demuestra “una clara preocupación por disminuir el impacto que puede ocasionar la propia cirugía sobre la lesión y acortar los tiempos de internación, así como disminuir las secuelas”, agregó la doctora.

Según detalló la especialista, hasta hace poco tiempo, la mejor manera de separar el tejido quemado de la piel sana en la zona afectada era a través de una cirugía, con un bisturí directamente sobre la lesión. Esta tarea artesanal del cirujano sigue vigente, pero presenta algunas desventajas, ya que el profesional debe asegurarse de que elimina todo el tejido quemado o muerto -para evitar infecciones- y por esto se puede “quitar” de más, añadió.

La excesiva extracción de tejido sano conlleva a la pérdida de valiosos queratinocitos, que son células muy importantes para la regeneración de la piel. Lamentablemente, por más avezado que sea el profesional, su ojo no le permite distinguir a nivel microscópico las células dañadas de las sanas.

Sin embargo, una nueva alternativa terapéutica permite sortear esta problemática: se trata de un producto compuesto por un complejo enzimático, que el médico especialista aplica sobre las quemaduras. “El proceso de debridación enzimática, mediado por este complejo, disuelve el tejido dañado a raíz de la quemadura severa, dejando tejido viable y limpio, lo que favorece la recuperación de la piel sana y reduce notoriamente la necesidad de injertos y la cantidad de cirugías complejas”, explican.

Este complejo concentrado de enzimas enriquecidas con bromelaína, obtenida del tallo de la planta del ananá, se presenta como un gel tópico y su uso ya fue aprobado en Europa, Israel y otros países, incluida la Argentina.

“Los beneficios que uno ve en los pacientes hacen pensar que en un futuro será el tratamiento de referencia para separar el tejido muerto, protegiendo las células cutáneas sanas”, anticipó la médica.

“El complejo enzimático es muy novedoso y confiamos en que se siga avanzando para que se puedan ampliar los protocolos actuales”, remarcó.

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